Es muy habitual encontrarnos con aquellos que definen la Confianza como una forma de ser ”deferente“ , como una conducta condescendiente, como nuestra de una excesiva adhesión, que solo tendría sentido si suponemos que los demás nos tratan con benevolencia.

La Confianza no esta de moda
Quizás por esto, hoy la Confianza frecuentemente se considera como una idea obsoleta, e incluso como una forma peligrosa de comportarse en la vida pública y en el ámbito profesional. Cuando este aspecto y forma de contemplar la confianza se contempla dentro del ámbito de la Medicina entonces la peligrosidad y alerta ante la Confianza toma un cariz anatematizable. Por aquellos que lo consideran así, se plantea que en una sociedad madura no deberíamos operar basándonos en la confianza sino que deberíamos establecer sistemas robustos de responsabilidad, reemplazando así la Confianza con mecanismos que aseguren el debido control y la debida divulgación de la información. Se afirma que la Confianza y las relaciones basadas en ella han fracasado de forma evidente. Se afirma que la Confianza ha sido generadora de “petit” comites en los que florece el amiguismo, la dependencia laboral y, en el peor de los casos, la corrupción. Se afirma que la única manera de enfrentar estos problemas eficazmente es imponinedo, generalmente desde el exterior a los diferentes ámbitos y entes, una disciplina más estricta y más rigurosa tanto en el ámbito legal como en el reglamentario y financiero. Esta oposición a la Confianza se apoya aduciendo repetidamente varios casos importantes de escandalos en la vida pública y profesional.
Es obvia la necesaria y apropiada adaptación y adecuación al cambio tecnológico y social que se produce en el mundo de hoy, tal como ha venido aconteciendo en los diferentes ciclos históricos. Pero, a día de hoy, esta fiebre de reglamentarismo, legalismo y economicismo, particularmente en la Medicina durante los últimos años, ha ido alzando más y más el edificio de las normas y formas rigurosas, uniformes y centralizadas. En definitiva, se ha conseguido derrumbar la disciplina flexible, para algunos debil, por medio de la cual las profesiones y los organismos profesionales pretendieron encauzar apropiadamente los comportamientos sectoriales de sus miembros. Ante la falta de éxito de esta disciplina flexible, los promotores de este cambio modernizador han reemplazado la Confianza con normas de responsabilidad más objetivas, uniformes, rigurosas y trasparentes. Al mismo tiempo, se ha dejado al lado la Confianza entre profesionales y el público. Pero para los modernizadores esto está bien, ya que consideran que la Confianza es obsoleta y arriesgada y hace falta reemplazarla por algo más objetivo.

El gato que se ve León niega la diversidad
Los modernizadores han utilizado la estrategia de repetir continuamente frases que evocan sus referencias primarias. Áún hoy repiten frases que definen las cuestiones más primarias a su manera, despreciando sistemáticamente la diversidad y la descripción racional de los acontecimientos. Se potencia el anti-descriptivismo. Tal repetición consiguió que su lenguaje parezca normal, que el lenguaje cotidiano y sus referencias parezcan normales, modos cotidianos de pensar acerca de cuestiones importantes. En nuestro paí en particular, se repite el término Gestión Clínica como algo moderno, novedoso, futurible. Se venden números y números sobre reducciones de listas de espera, de estancia media,… indicadores e indicadores de “gestión”, nuevos y nuevos centros hospitalarios, más y más tecnología… Se esta consiguiendo cada vez es menos frecuente encontrar una Historia Clínica bien estructura y descriptiva. Se esta consiguiendo cada vez es menos frecuente encontrar listas y listas de pruebas complementarias, ahora denominadas diagnósticas, sin que la más mínima revisión indiquen que hipotesis diagnóstica esta detras de esa demanda tecnológica.
En nuestro país este modernismo, este desechar la Confianza, dentro del ámbito de la Medicina esta alcanzando cotas de extremado éxito. Los nombramientos a cada cambio político, no se restringen al ámbito del gobierno, pergeñan de arriba abajo la estructura en una deriva desde el gerente, director médico, director de enfermería, subdirectores médicos y de enfermería, supervisores,… y últimamente la nueva figura de coordinador o jefe de servicio a dedo, y una grave desmotivación y enfrentamiento con el colectivo médico profesional. Parece que en un devenir biológico, el “petit” comite en el que florece el amiguismo, la dependencia laboral y, en el peor de los casos, la corrupción se esta consiguiendo optimizar.
Quizás detras de todo este modernismo sanitario, que no la necesaria y apropiada adaptación y adecuación al cambio tecnológico y social, lo que subyace es una falta de Liderazgo. Una falta de materia gris con la suficiente empatía profesional para motivar visiones, valores y directrices. Esta falta esconde otra, el respeto y aceptación de la diversidad. En definitiva el Gatito que se ve León.
Escrito por Pingpong